La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


jueves, 6 de junio de 2013

Consejos para escribir novelas por Juan Terranova

Lo primero es aprender a estar solo. No se puede escribir una novela si uno siempre está rodeado de gente, y menos aun si esa gente habla todo el tiempo. Hay escritores que saben cómo estar solos antes de empezar a escribir, incluso antes de llegar a la edad adulta. Eso es cómodo porque aprender el arte de estar solo de grande es muy difícil.

Leer es una de las mejores formas de estar solo que conozco. La otra es escribir.

Al mismo tiempo, la soledad también es un estado bastante mental. Cuando escribís nadie, repito nadie, va a hacer lo que vos no hagas.

La concentración y la prolijidad son importantes pero no imprescindibles. Si me das a elegir entre concentración y prolijidad, elijo prolijidad porque nunca me costó concentrarme y siempre me costó ser prolijo. Ser prolijo se aprende rápido cuando metés la pata seguido, cuando te olvidas de guardar los cambios, cuando pasás mal las correcciones.

Cometer errores es algo que pasa. Hay que aceptarlo y seguir adelante.

La concentración implica concentrar cosas, sintetizarlas, ser ejecutivo, no perderse.

Y no des excusas. No sirven. Nadie las escucha.

Otra cosa básica. Hay que tratar de no salir de casa, no salir del escritorio o de la mesa donde estás escribiendo. Se dice que Balzac escribía atado a la pata de la cama o encerrado. Puede servir. Ahora bien, si necesitás salir, y vas a necesitar salir, porque la novela como género también necesita que su autor salga, hacé que esa evasión valga la pena.

Hay que leer todo. Cervantes decía que leía “hasta los papeles rotos de la calle” y él escribió la mejor novela de todas, el principio y el final del género.

Hay que resignarse a ser medianamente pobre.

Hay que tener paciencia.

Otra cosa que sirve es robar. Pero hay que robar bien. Si están dando Alien, el octavo pasajero ahora mismo en la televisión lo mejor que podrías hacer es empezar a transcribir los diálogos y todo lo que ves en la pantalla.

Para escribir buenos diálogos tenés que escuchar y recordar cómo se peleaban tus viejos, como argumentaban, como se mentían, cómo se reconciliaban.

Algo útil es escribir muchos mails a tus amigos contándoles cosas de tu novela, presentándoles los personajes, qué dicen, qué hacen, de qué viven, pero lo que no sirve es que hables de ellos. Los novelistas no hablan. Cuanto más escribas y menos hables mejor.

Hay que tener siempre muy presente que el arte de la novela es un arte íntimo y universal al mismo tiempo. Lo que narrás te tiene que importar a vos. Te tiene que importar a vos y a tus amigos. La palabra clave es “comunidad”. Por eso hay que estar encerrado y al mismo tiempo saber qué pasa en tu barrio y en tu ciudad. Es un equilibrio difícil. Pero escribir es difícil. Siempre.

Un teclado que no tiene restos de semen y comida no es el teclado de un novelista. Puede ser el teclado de un gran escritor, de un eximio poeta, pero no es el teclado de un novelista.


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