La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


jueves, 6 de junio de 2013

Devuelvan la piojera Por Pablito Iván


I
Hoy nos juntamos con los vecinos para defender Alberdi. Antes de despedirnos – apenas un rato, porque esto no termina- colgamos un pasacalle en la puerta de La Piojera, nuestro querido teatro. Lo atamos con alambre. Mientras lo apretaba con la pinza pensaba en mi infancia, en los recovecos del barrio.

II
El Blas Parera es una escuela pública. Se ubica sobre la calle Monseñor de Andrea. La calle
 comienza en el puente Tablada y surca los límites del barrio, pasando por el patio trasero del cementerio hasta llegar a la avenida Colón.

En verano el río crece y los guasos practican clavados, saltando desde el puente. Se paran, se acuclillan, se ajustan bien el elástico del short, toman envión y saltan al vacío. Y el que no salta es un cagón.


III
No tengo muy en claro si mi viejo votó allí en las presidenciales de 1989.

IV
La escuela Blas Parera sólo enseña el nivel primario. Con el correr de los años dejaron de invitarla a las olimpíadas intercolegiales. Las otras instituciones participantes se quejaron por la edad de los alumnos que conformaban las escuadras. Especialmente las privadas.

Es que entre los que participaban había muchos repitentes: jugaban guasos de catorce o quince años en los séptimos grados, algunos ya con bigotes y pelos en los sobacos. En el equipo de volley ocurría algo parecido: había chicas que ya usaban corpiños y hasta menstruaban.

Incluso, llegabas a confundir al profesor de gimnasia que oficiaba de árbitro con un jugador. Era un abuso, ganaban las medallas de prepo. Sin embargo, el reglamento los amparaba, porque eran fehacientemente estudiantes de primaria.

V
El equipo de fútbol salió pentacampeón. La última final contra el Instituto Peña fue un trámite. Al Chanta lo veían los otros pendejos y se apartaban, nadie se animaba a meterle la pata. Es entendible, protestó el cura del Instituto Peña: un guaso huesudo, de un metro ochenta y cubana, zapatillas hechas mierda y un cigarrillo apoyado en la oreja intimida a cualquiera.

Seis pepas les metió el Chanta en la final; y a llorar a la mamita con eso de las fechas de nacimiento.

VI
Todos en el barrio saben que el Chanta es muy picante para el fútbol, que se aguanta las patadas y cuando le pega al arco te funde. Los viejos del Argentino Flores lo hicieron debutar a los trece en los torneos interbarriales. Jugaba de titular, salvo en los partidos chivos, como con Deportivo Alberdi. En esa clase de partidos, los jugadores llevan el fierro en el bolso, junto a las vendas y el Ratisalil gel.

Por eso lo preservaban, no por razones tácticas sino por precaución, porque seguro que a la primer falta brusca pintaba el bardo.

VII
También jugaba el Iván en aquella gloriosa formación del Blas. El Iván tiene un hermano travesti, el puto Elías, así lo nombran en el barrio. Elías fue escolta en la promoción de 1984 y jugaba de arquero; jugó pocos partidos, porque estudiaba mucho y egresó a los once. Era un arquerazo.

No se cansaban de jugar juntos al fútbol. Armaban los arcos con ladrillos y, cuando venía un auto, el que estaba más cerca de la pelota la dominaba y la jugada se detenía. Cuando el día se apagaba quedaba el arco triturado, de tantos autos que pasaban sin esquivarlo.

VIII
Fue el 14 de mayo de 1989 el día en que triunfó Menem. Los adultos iban y venían para votar. Creo que en Alberdi llovía torrencial. Acá, cuando llueve mucho, el río inunda las calles y los niños se acuestan en los cordones de las bajadas: le meten el pecho a la cascada de barro, como si fuese un hidromasaje.

IX
La lluvia borra propagandas y grafitis de campaña. En un primer momento. la imaginación te hace ver que las letras tienen corrido el maquillaje, que están sumidas en llanto; después se convierten en manchas y, luego de manchas, desaparecen.

Los días de elecciones las paredes terminan meadas y vomitadas, porque en el barrio la gente vota borracha. Entonces es común ver fideos estampados contra los muros, hojas de perejil y pedacitos de tomate y choclo; o postes bañados en pis.

X
Un nuevo día se va y un tal Carlos Menem, candidato del Frente Justicialista Popular, se impone al radical Eduardo Angeloz con el 49,3% de los votos, y será el nuevo Presidente de la Nación Argentina. En el Blas Parera sacó el 46% según datos oficiales. Mi viejo le dice a mi vieja que votó por el otro candidato, mientras toman mates y escuchan los resultados del escrutinio por LV2.


XI
Se trata de un tipo patilludo que se promocionó en los últimos meses, trepado a una carreta, vestido con poncho, proclamando salariazo, revolución productiva y otras promesas. Y le pidió al pueblo que lo siguiera, que no los iba a defraudar.

Después, durante su gestión, traicionó todas sus pretensiones: privatizando todo, congelando las jubilaciones, acatando propuestas neoliberales y provocando una gran extanjerización del país.



XII
Ya nos tiraron la chimenea y la Casa de la Reforma. El desarrollismo inmobiliario es una topadora que se lleva por delante nuestra historia, quiere borrar todas las huellas que simbolizan e identifican al barrio. Quieren que seamos pronto Nueva Córdoba.
NOSOTROS SOMOS y QUEREMOS SEGUIR SIENDO ALBERDI.

XIII
Hoy colgamos un pasacalles que dice: “La Piojera es de Pueblo Alberdi”. Lo atamos con alambre. La yuta nos tocó la sirena pero no se bajaron, sabiendo que no les tenemos miedo. El viejo teatro está olvidado, camino a convertirse en un templo evangélico Pasaron varios intendentes y concejales; ninguno se hizo cargo de recuperar un espacio emblemático de la cultura de Córdoba. De hacerlo público, porque es patrimonio de todos los cordobeses, como corresponde.

No le dieron importancia. Como tampoco se la dieron a la enseñanza en el Blas Pareda. En su lugar, priorizaron la educación en la Blas Pascal; porque la sociedad necesita nuevos líderes. Así enseñaron el individualismo, la frivolidad y la ley del sálvese quien pueda. En este contexto fue que guasos como el Chanta o el Iván, aprendieron liderazgo dirimiendo sus conflictos a los tiros.


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