La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


jueves, 20 de junio de 2013

El mago maldito. Por Diego Monsalvo

Para la navidad del 2008, luego de que sus padres insistieran fumar marihuana, Alan trajo una bolsa con cogollos, y probaron una pipa comprada en Ámsterdam. El papá de Alan sufre pesadillas, sueña que se tira al agua, o que pelea con otro tipo, hace poco se abrió la frente con la punta de una manija del ropero, se tiró de palomita y rebotó contra el mueble. La última fue que cogoteó a su mujer hasta casi asfixiarla, ella le pedía que la suelte, que no podía respirar, el dice que no se acuerda de nada y vuelve a dormir. Durante la sobremesa, Osvaldo comenzó la ronda pitando como si fuera tabaco, fumó unas cinco o seis veces tragando todo el humo, haciendo destellar el rojo de la brasa. Parado desde la esquina de la mesa, en cuero y en chancletas, fue preparando una secuencia de magia que les presentó a todos. Llenó con agua un vaso de acero, y sobre él apoyó un plato inoxidable. En el centro del plato, puso una carta de naipes hecha tubito, (parada en forma vertical), con un huevo apoyado en la punta. O sea, vaso, plato, tubito de carta y huevo, todo en equilibrio, hasta que mediante un grito lleno de fe, le pegó al plato un golpe seco arrojándolo por el piso. Todos miraron el plato inoxidable revotando debajo de la mesada, y el huevo que desapareció antes de que terminara el grito. Los aplausos y las carcajadas eran desbordados por el cannabis navidenius, el Mago festejaba con sus ojos rojos, haciendo con la cabeza que lo sigan hasta el patio, donde apuntó al cielo y al grito de; ¡Viva América!, ¡Viva América!, descargó a tiros un 38 largo que le sacudía la mano. Su esposa Noemí se tomaba la cara y les decía que le quiten esa arma, porque entraba y salía buscando más balas, para terminar con la agonía de un pueblo entumecido de soledad, donde el silencio que sobra es oscuro y golpea el corazón de la gente.

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