La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


jueves, 6 de junio de 2013

EL PENAL DE TRANS MARTIN. por Verónica Perrone.



Un devenir, un tránsito, una resistencia.
Coqui ingresó al sistema penitenciario, en el año 2003. Primero estuvo en Bouwer, un año después fue trasladada al penal de San Martín. Al ingresar al penal lo hizo en el último y más olvidado pabellón, donde convivían travestis y presos portadores de VIH.  Estaban aislados del resto de la población, y prácticamente derivados a su suerte. La situación rozaba, sino más bien traspasaba, el abandono de personas.
 Tras cuatro años de golpes, huelgas de hambre y autoagresiones, consiguió con sus protestas que en  el 2007 las travestis y los infectados por VIH puedan convivir en los mismos pabellones que el resto de la población. Ese mismo año le permitieron vestirse de acuerdo a su género y los primeros tacos agujas comenzaron a sonar por el penal mientras desfilaba por los pasillos con Laura, su compañera. 
Durante el motín actuó de negociadora con sus compañeros, evito la matanza de varios, pero no pudo evitar la masacre de muchos. Fue testigo de la llamada telefónica del entonces gobernador y actual candidato cuando dio la orden de que ningún preso salga vivo del penal. Luego un camión con personas que intentaban huir fue derribado a balazos, matando dentro a muchos de sus compañeros.
Peleó por conseguir educación dentro del establecimiento, y así fue como comenzó un curso de periodismo y terminó haciendo un programa de radio en nada más ni nada menos que Radio María. Esos días frente al micrófono cesaron cuando el cura que producía el programa la invito a hablar de la resistencia. Coqui dio un discurso al aire que podía hacer brotar lágrimas a cualquiera describiendo la situación que vivían a diario en el penal. Las golpizas, el pasillo rumbo a la enfermería en donde, mientras lo transitaban los condenados, los guardiacarceles los molían a palos con la complicidad de la oscuridad y los oídos torturados de sus compañeros por los gritos.
 No dejó nada en el tintero, en diez minutos, inspirada por la palabra resistencia, dio su mejor discurso. Con el vidrio de por medio, mira extraña la cara del cura. Como se le iba transformando con cada palabra que decía. Ve como desesperado empieza a hablar con el sonidista para que le corte el audio. La sacan del aire, la llama aparte, y le pide que abandone el estudio. Luego se dirige a los compañeros que quedaron en el estudio y les repite la consigna. Tienen que hablar de la resistencia, de ese aparatito eléctrico que utilizan para calentarse y cocinar en sus celdas.
El tiempo pasaba, ella resistía, pero seguía ahí adentro. El 2010 para Coqui fue crucial. Había luchado y conseguido muchísimo en San Martín, pero sabía que hacía ya más de un año que no debía estar allí. Le estaban negando y retrasando la libertad condicional sin razón alguna.  Para esa época pesaba 20 kilos debajo de lo normal. Estaba desnutrida. Sus defensas eran ocho veces menores que las de cualquier persona. No estaba recibiendo en tiempo y en forma su medicación, de manera que no le estaba haciendo efecto.
En abril ya no resiste  más. Decidió auto agredirse. A punto de desangrarse fue llevada a la enfermería donde luego de curarla la devuelven al pabellón en donde la única posibilidad que le quedaba era seguir infectando su cuerpo.  Un mes después, un grano le aparece a la altura del ojo. El médico residente la trata por sinusitis. Su situación en pocos días empeora. Vuelve el médico, le diagnostica conjuntivitis. La infección, le continúa. Se le extiende por el rostro hasta llegar a su cabeza. Comienza a perder el pelo. Se siente morir. Ruega ver al médico. Se lo niegan, pasan los días, hasta que se dan cuenta que la situación de Coqui ya no da para más. Es trasladada al Rawson. El médico le informa que su estado se debía a un herpes. Había afectado gran parte de su cabeza, principalmente de su ojo. Con el tiempo perdería la visión.
La negligencia carcelaria, literalmente, le había costado un ojo.
Maite, de la CORREPI al tanto de la situación, informa al colectivo político sexual de esta situación. Se dirigen al INADI, le cuentan a una dirigente de ATTA Córdoba y funcionaria de la institución pública, la situación de la compañera. Ella les responde que Coqui sólo quiere morir, y además no tiene como función ayudar a personas con problemas con el ley. Así, el INADI Córdoba hace oídos sordos de sus problemas, se desentiende, se lava las manos, y deja a Coqui abandonada.
Indignados frente a esta situación varias organizaciones independientes y en desacuerdo con el INADI, deciden cortar la calle General Paz. Llegan los medios. La noticia inunda las redes sociales. Organismos de todo el país hacen eco de la situación de Coqui. El efecto llega hasta el juzgado, solo cuatro meses después, en abril del 2011 Carla Coqui Contreras sale en libertad.
La primera vez que logro escucharla noto una voz avejentada. Coqui de tan sólo 28 años, sonaba como de 40. El maltrato psicológico recibido, todavía hacía estragos en su diálogo. Se dirigía a su persona en masculino, o por su apellido, tal cual los guardias se dirigían a ella dentro del penal. Cada historia que sale de su boca es peor que la anterior. Esta desesperada por hablar, por hacer conocer lo que siguen padeciendo sus compañeros allí adentro. Personas atadas en cama de metal por castigo, celdas de aislamiento, días sin comer, abandono de personas enfermas, lisiados durmiendo sobre su propia bosta. Imágenes escalofriantes que nos muestra mientras nos describe su tortuoso paso por San Martín.
Cuando uno le pregunta a Coqui que desea hacer ahora que está afuera, su respuesta es segura, no duda. “Voy a seguir colaborando con quienes quedaron adentro” asegura. “Nunca me voy a olvidar por lo que pase, y no quiero que nadie más pase por eso”.


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