La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


sábado, 8 de junio de 2013

Habladurías de colectivos imaginarios Por Esteban Tazzioli


1. El engaño más simple

“no tienen diálogo” - cortó la charla mirándolo a los ojos con una violencia inusitada -“estas seguro!?.. mira que hace muchísimo tiempo que vienen jugándose por lo mismo.. antes de que lo haga cualquier político de turno.. siempre embarrados.. con gente de distintas áreas.. mmm.. no creo che.. no me suena.. no sería lógico.. hay un ruidito en esa línea” - balbuceo riendo, mientras trataba de entrelazar palabras para acortar distancias - “no tienen diálogo te dije.. no entendés!.. no me escuchaste!.. no-ti-e-nen-diá-lo-goooo!!!” - replicó antes de tocar el timbre para la próxima parada -
Llegaron a Olmos y Maipú. Tomaron helados en distintos cucuruchos. Se abrazaron fuerte y siguieron siendo lo que eran. Nadie se quejó o los saludó al pasar por esa unidad básica. Soplaba un vientito de dientes flojos y corazones perdidos. La ciudad seguiría firme como teta y el silencio era, a esa altura del año, algo hermoso. Pocas veces visto, desde un espejo retrovisor.

2. Atardeceres de principiantes
Cuando al bondi entrabas con troquelados y solo había números en las cabeceras iluminadas. Y los buscadores de la libertad se reproducían en los ojos, soñaban con las pestañas y se perdían entre los arcoíris de viva la pepa. La mirada, los seguía con su justo desprecio. Y ellos sin perder el tiempo tiraban corazonadas de vagabundos, alientos de vino en caja y abrazos acordes a mil esperanzas. “Ser nadie es love”- decían. Y los billetes y las esfinges les darían continuadas vueltas de cara cuando el no lo-ve cerraba pupilas entre el cerro y la cañada.
“falta mucho para los boulevares” - preguntó como buen pitufo relajado mientras se rascaba una pera casi sin pelusa y las manos le ardían de tanto agitar viejos éxitos de Leonardo Favio desde la butaca saltarina, la que sufre sobre el caparazón de la rueda.
Con una Samik ahorcándole la espalda y un par de pelos más hasta por debajo de la lengua uno de sus colegas le respondía afinando: “recién entramos a la cordillera, tenemos tiempo para cantar una mas”. “Ya está por largarse. Cruzamos el canal maestro de un pique y ponemos la pava. Traje yerba” interrumpió sagaz el más mugre y barraca de la banda. Y todos rieron sin oponer resistencia. Así es la juventud. Divina, inocente, feliz y pobre. El chofer volvió a subir el volumen porque Brizuela iba a comentar el final. Los vecinos sacaban los paraguas y pensaban mas dificultades que estarían por venir. Al fin todos serían “periféricos” llegando hasta el final del recorrido. Y yo, que venía medio perdido y colado del pasa manos embobado mirando ese brillante paisaje de anochecer de un día agitado, me sume a cantar con palmas una canción desconocida:
“tras cada función.. te vas a cambiar.. y de repente una lágrima.. te despinta la cara.. tus amigos no están.. tu familia se fue.. no tienes nada.. (ay ay ay).. payaso triste.. como es la soledad.. es una espina difícil de arrancar.. (cuácu).. tu amor se fue.. en esta madrugada.. partío pa’ no volver.. porque el que sube no baja.. Laralala.. lala.. laralala..  laila.. laralala.. lala.. lala.. lalaaaa.. (otra vueltita).. laralala.. lala.. laralala.. laila.. larala.. lala.. lala.. lalá.. (bailaló!)

3. Morir parado, nunca sentado, menos arrodillado
Las madrugadas en el central verde suelen ser un confesionario de tontos que están celosos de no ser. Resulta inspirador para los canillitas, los chanchos y otros oír como se tocan temas que ya no tendrán agendas, como se responden solos o se interrumpen organizados mientras se desean suertes y rumean flores que ya no crecen en las orillas. “me canse de que nos usen. No somos conejillos de indias, ni bichos en extinción, ni teoremas de raíz al cuadrado sobre coseno de beta y la hipotenusa del pancho y la coca”
- con su mameluco camuflado de technicolor un flaco de muchas lanas le sugiere altura cómica o ironía de último momento al retacón que infla el pecho con su remera del Che Guevara. “la libertad es jugar a arriesgar” - le responde besando su cuaderno de tapa dura y tela araña mientras hace bolitas de polietileno con el envoltorio de un último cospel.
Y se trenzan en mil debates mientras las calles pasan vacías. Es volver a empezar una y otra vez. Cosas que pasan cuando todos creen tener la razón o todos se sienten parte de una causa. Entonces una niña que venía silbado dulce parada contra la última ventana lanzará una profecía que la monta en el tapete y logra ponerle un frenillo a la charla: “corremos y corremos.. y llegamos siempre tarde a donde nunca pasa nada”. Disfrutarán ese silencio unos segundos. No nacieron -dicen- para vivir regidos por unidades de tiempo. Se miran y se mirarán mil veces mas. No salen del asombro por la frase que yace al dorso del asiento del chofer, esta escrita a mano y en firulete: “siempre entró luz por la ventana y siempre salió el cuerpo por la puerta”. Todos los que la leen ya no podrán ocultar sus caras. Es tarde, a esa hora la vida no es una pantalla. Ni el espejo una almohada. Sus casas los esperan para soñar a todo color. Idealistas. Vagos. Engañados. Partes del sistema. Inconformes. Indignados. Asumidos. Colapsados. Marginados. Googleados. Postcrucificados. Resistentes de todas partes. Del cielo o de la tierra. Existiendo. Solo porque vale la pena. Soñar. Solo porque hay que rescatarnos de nosotros mismos. Salir sanos y salvos. Es largo y solitario el camino. Hay espinas.
Antes de bajar a la vereda. Antes de que se hunda el barco. Antes de despertar de la matanza. Antes de acodar, palma y frente en las paredes. Antes de pagar el boleto.
Antes de escuchar las primeras salvas.

4. Señales en la Red Bus


Hoy viajan callados. Muchas van apretados. Seguro que ahí alguien mandará rodar a la vida por todos los submundos y los drenajes de la peatonal, en una cortada frenética. Pero hoy no es un día de esos. Será sábado? Hay lugares en los asientos y las ventanillas son como muros de youtube. Todos miran para afuera. Unos hablan al fondo. Otros ven la hora en sus boletos y el día que no terminó, se lo lloran a sus relojes. Piensan en un mensaje de texto y escriben a celulares lo que nunca dirán cuando las células de alguna forma se corporicen positivamente. Esos sólo dirán: “te lo dije” y bajarán los párpados y mirarán hacia la derecha como burlándose de la vida que no fue, gracias a nada. Esos están más callados que nunca. Será el día? O tal vez en el fondo, la verdad incomoda porque los lugares y las barandas se convidan o van parados los que tienen ganas y a upa las parejitas. Hay debate, preguntas y sonrisas. De golpe, todos hablan y nadie escucha. Todos se mueven y nadie camina. Al fondo hay un bochinche de manos, cejas y músculos faciales. El under no se calla, es anónimo. Amenaza, sin ser. Pretende sin conectar. Hay culpas, pero repartidas. Es indignación globalizada? Son humanidades perdidas o geografías subterráneas? Y un grupo de “sordomudos” que se va de joda al sargento? Merecerá más silencio, burla o desapego? Nadie regala nada excepto cambalaches y goyeneches afónicos de tanto cantar “el marginal” en el baño. Suena el timbre suavemente en la esquina bon que bon. Y el que quiera oír. Que oiga!

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