La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


jueves, 6 de junio de 2013

Ituzaingo por Laura Atala





“Se terminaron las fumigaciones, pero el dolor sigue”.
Por Laura Atala
Dolor compartido.
Calurosa tarde a la sombra de los árboles frutales. Entre mates y abanico, nos afirman “se terminaron las fumigaciones, pero el dolor sigue”. Este grupo de mujeres, vive casi con la idea persistente de que deberán seguir afrontando las consecuencias del avasallamiento sufrido; sin embargo no lo hacen en soledad, porque lograron confianza mutua y eso las sostiene.

Desde hace mas de 10 años, soportan y conviven con el perverso modelo de agricultura tóxica y semillas transgénicas, aunque no lo hacen bajo la ignorancia y alienación, sino concientes de que el reclamo constante tiene un impacto en la política y en la opinión pública, y eso hacen, por su salud y la de su comunidad, instalan la idea incomoda de que los agroquímicos afectan en variadas formas, a gran parte de las poblaciones.
A pesar de encrudecerse esta realidad, casi pareciera volverse algo cotidiano. Hoy deben acostumbrarse a que los problemas de aprendizaje y lenguaje de sus chicos, por las secuelas neurológicas que deja el glifosato, no tendrá respuestas desde autoridad alguna. Tratamientos ginecológicos, psicológicos, deudas, conflictos, de los cuales nadie se hace cargo…ni obras sociales, ni salud pública, pareciendo volverse un aspecto más, de la enorme exclusión en la que se subsume el barrio.
 Mas allá del convencimiento de que se trata de un genocidio silencioso, ellas están llenas de vida, y de propuestas para emprender en el barrio, con un entusiasmo contagioso que no les permite lamentarse por cómo pudo o debió haber sido, solo saben con claridad hacia donde iban y van.
Ni bien llegaron los tiempos de hacerse oír ante la sociedad y la justicia, tenían muy presente que “no fue por dinero. Fue por justicia y verdad” “La lucha siempre fue colectiva. Nada lo hizo una sola persona. Logramos el agua, el asfalto, el dispensario, ahí estaban todos los vecinos”.
Esos son sus cimientos. y algunas otras cosas, las mantienen activas: grupos de mujeres, “fuente de esperanza”, con sus obras de teatro y talleres de costura; también capitalizar su propia experiencia, trasmitiendo a otros desde sus relatos, que se vuelven libro, y se oyen en algún congreso, encuentro, o charla en escuelas. “Nosotras somos ignorantes, pero algunos agrónomos enseñan en la facultad que el glifosato se disuelve cuando cae, no tienen vergüenza”.
Mientras recuerdan su historia de lucha contra las fumigaciones y por el barrio Ituzaingó, no dejan de mencionarse e incluirse una a la otra, a aquellas que están, y las que faltan pero se recuerdan.
 “Allá por marzo de 2002 nos empezamos a juntar... había muchos casos de leucemia, de gastroenteritis, abortos (…) nos enterábamos conversando en la verdulería, en el kiosco (…) pensábamos que era por el agua, ya que estaba salada, muy sucia, ahí nos juntamos para hacer algo”
Ahí comienzan los relevamientos casa por casa.
En lo personal de cada historia, estas mujeres vivieron situaciones extremas, dolorosas pero nunca se fueron, siempre quisieron vivir en Ituzaingo anexo; a pesar de las estigmatizaciones por la contaminación de los campos, no debieron enfrentar la terrible situación de ser repudiadas por sus vecinos en su propio barrio, que resiste con ellas y las acompaña.


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