La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


martes, 11 de junio de 2013

Killing Montaner. Por David Talpalar


Me la habían recomendado varias personas, algunos
amantes del cine, otros sin posturas estéticas,
creo sorprendidos más por lo auténticamente cordobés
de la obra que por lo cinematográfico.
Como la parte esa en la que después de jugar al fútbol,
un campeonato en un complejo de barrio Comercial,
el que hace de Montaner le limpia el pico con la mano
a la caja de vino que se van pasando,
en la ronda que arman los locos del equipo
con suplentes y la banda.
Todos lo miran al negro Cucú.
Se hace un silencio,
Cucú va y lo encara a Montaner.
Es tremenda esa parte, se le pone nariz con nariz,
el negro le dice hoy te voy a enseñar dos cosas
en una especie de cordobés centroamericanizado,
“en realidad es una sola, pero en dos cuotas, en primer lugar
todo aquel que demuestra desprecio por la saliva ajena,
es porque le gusta que le galleen el culo”.
Todos ríen a carcajadas,suenan risas perversas
y el silencio cómplice de todo lo que rodea a esa escena
de cerca de veinte personas.
Todos ríen menos Montaner,
que ya se va dando cuenta de que algo están tramando
y que la represalia puede tener que ver con su propia piel.
Cucú le dice ‘¿así que vos querías cantar?’
A Cucú le decían así porque tenía la costumbre
de sacar la verga afuera unas cuantas veces al día
y siempre se la estaba acomodando.
El negro tenía una especie de morcilla pero con várices.
Montaner tragó saliva cuando cucú la hizo asomar por debajo del short.
Nadie emitía un sólo sonido.
Hubo quienes se taparon la boca con las dos manos.
De pronto Cucú dice ‘negro Arnold’: el encendedor, vos ya sabés.
Entonces el negro Arnold que no era ni petizo ni negro ni fisicoculturista
pero la tenía negra y de como un metro de largo,
le traba un encendedor chino parado entre los dientes de arriba y los de abajo
mientras el 4 y el 6 le tienen las manos a Montaner,
lo acuestan boca abajo sobre un carretel de cables de alta tensión
que funcionaba como mesa.
Con una mano le levantan la cabeza y ahí queda regalado,
con la boca abierta mirando a la cancha tres.
Entonces Arnold y el negro Cucú esgrimen sus miembros
y se ubican a unos treinta centímetros de Montaner.
Empiezan a mearlo en la boca mientras el tipo grita
del asco y del dolor entre las arcadas, gárgaras
y la catarata rubia que baja hasta el suelo
y el chorro que pega en los ojos y en la nariz.
Todos ríen hasta descostillarse
mientras las quijadas de Ricky empienzan a hincharse
por el líquido y la cercanía del desgarro
y el vómito que se ve venir
mientras todos cantan ‘déjame llorar, por tí’.
Al flequillo ya lo tiene como una cubana,
ahora tiene el pelo del ruso Zielinsky,
ahora tiene todo el maquillaje corrido
y a cara lavada, ahí sí se notan los rasgos del actor,
si no te aseguro que no te das cuenta.
Cuestión que se entra a armar una fila, atrás de los dos que mean
pero cuando terminan de mear,
pasan otros dos a mearlo, también.
La misma historia, la mandíbula trabada, la catarata amarilla
y así pasan seis, siete, ocho tipos.
Uno grita “hacé óyeme cachita con aguas danzantes”
El vino gira ahora en sentido antihorario,
unos mean y toman, otros mean y fuman.
Más o menos a mitad de la hilera de meones,
se acerca uno, el pelado que juega de 3
y mientras se desabrocha,
le echa un gallo en la nuca a Montaner rendido.
De pronto todos paran las risas, sólo se escucha ¡!uuuuuuuh!!!
Al que justo está tomando de la caja se le amplifica la voz
Un sonido como un cuerno, un llamado guerrero,
luego el silencio.
Todos buscan los ojos del negro Cucú.
El es el que tiene la caja,
lento se la va alejando de la boca
y señala con su mano izquierda.
Sus dedos son un manojo de láser
por el oro de los añillos que los habitan.
Apunta al pelado que en eso se da vuelta y panea la situación
con una mano en la verga y la otra en la cintura,
como si estuviera en el baño de un mall.
¿Quién es? Cucú no para de señalarlo,
mira a Montaner, luego al pelado
Y grita... ¡Resumidero! Y agita la mano.
Ricardo está a punto del desmayo, lo siguen meando,
en el acto otros dos lo reducen al pelado escupidor,
le atan las manos atrás con una venda usada
y como a Montaner, le traban la mandíbula
pero esta vez con un niple.
Un trozo de galvanizado que encuentran tirado
entre una montaña de escombros que hay por ahí cerca
y lo acuestan en el suelo justo con la cara
debajo de la catarata de meada que baja.
Es genial la parte en la que al pelado,
en el suelo, boca arriba,
la meada le entra por un agujero del codo metálico
y le sale por el otro
haciendo un efecto de fuente humana que se corta
cuando llega un negro petizo que se acerca al grupo.
Lleva una gorra de la UCR, es el DT del equipo,
avanza, bate las manos y niega con la cabeza
a ver muchachos, vamos, vamos,
¿qué es esta melange?
, dice el técnico.
Todos lo respetan, aunque sea radical, y use gorra.
Los pibes empiezan a dispersarse.
Después la película sigue.
Ya como un musical o la historia de un tipo
que viene de Centroamérica a triunfar a Córdoba
y se come toda el circuito del cuarteto under
hasta que puede imponer su pedorra música melódico-latina
y empieza a pegar shows sobre todo
en salones de estaciones de servicio
de todo el interior y provincias vecinas.
Cercana más a la historia real de Jean Carlos
que a la de Montaner que a partir de esa anécdota
pasa de ser un bajo, a tener esa voz de dama de caridad
con la que posteriormente triunfa en el mundo de la canción.




Reparto:
La Vaca Potenza,como Ricardo Montaner
Jean Carlos, el rey del mambo como el negro Cucú
Jairo, como el radical
Jorge Petete Martínez, como el pelado nº 3
Doctor Carlillo, como el negro Arnold
David Talpalar, como el bufettero
Música original: no hay


(Potenza y Martínez no vuelven nunca más
a ser los mismos después de ese rodaje
La vaca Potenza con la mandíbula vencida es contratado como reidor
en el programa de Genesir y el pato Fernández en canal C
Y el Petete vuelve a hacer vestuarios como en sus primera época
Pero ahora sólo para ver guasos en pelotas, se dice).

Suenan campanas.
Contesta la prensa,
ella interpreta sus vibraciones.


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