La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


viernes, 7 de junio de 2013

NAN GOLDIN, desde Berlin. Por Gabriel Magnesio




Me siento en el bar de la Berlinische Galerie, donde se expone la obra «Berlin Work» de la fotógrafa Nan Goldin. Miro por la ventana, salgo a fumar. El piso  tiene unos centímetros de hielo. Entro y tomo una sopa de zanahorias y naranjas. Nan Goldin en Paris seria un despropósito. En Berlin, es una obviedad, sobre todo en los ’90 cuando se instalo: adicta, golpeada, el azar esquivo del virus absurdo, vulnerable, deliciosa. Escenas donde seis meses es un testamento, donde se dispara y recibe la intimidad bruta. 
Goldin es una sobreviviente marginal de una obra poblada de belleza y nervio vital. Su piel transpira las luces que reflejan la piel de sus marginales. Mas de 70 imágenes líricas del under antes del under. Nan Goldin (Washington DC., 1953), en Berlin o en N.Y., traga opio, la dependencia sexual: el riesgo del absoluto. Se despierta con hombres, mujeres, con ambos, amigos u anónimos, incapaz de reconstruir la narración de la noche anterior. La revista alemana Der Spiegel titula la exposición: An Intimate Diary Of the Bohemian Underground. Un modo de despreciar los pliegues de las noches goldianas.
Nan no es excesiva, es puro hecho estético: la tristeza, la sonrisa generosa, la humildad. El autorretrato de Nan Goldin golpeada por un amante, sola en el bano, sola frente a un amigo devorado por el azar. Disparo compulsivo, paciencia pictórica, el cuerpo azul por los golpes, Nan fuma, se cae, dispara a los rostros solos. Disfruta de las caricias en el pelo de una drag queen: un atardecer donde el peso del tiempo es definitivo. Nan tiene la fuerza de disparar en la intimidad compartida mientras se mete una linea, mas bien, después de meterse una linea, o antes o después. Y dispara al otro, cerca, en una habitación, que se inclina sobre un espejo a rayas. La cámara de Goldin se interpone, el cuerpo del otro descansa sobre lo que mata. El alma, al fin, el fin.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario