La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


martes, 18 de junio de 2013

Por Ignacio Mestrovic



Lo único que veo es gente corriendo. Corren en direcciones opuestas. El nene de Sexto Sentido veía gente muerta. Yo veo gente que corre. Son como hormigas tiradas desde un frasco. Es la última noche en Córdoba y me detengo un momento en la vereda del Parque Sarmiento. Descanso, tomo aire, saco una revista del bolso y la vuelvo a guardar. Con tanta gente no se puede leer. Prendo un cigarrillo con la única intención de enviciarles el aire a todos estos fundamentalistas de la salud. Al rato se acerca un tipo. Viste ropa deportiva, pantalones cortos, medias Nike o alguna imitación de Nike y lleva en la mano una bolsita con cinco yogures. Se sienta a casi un metro mío. Pasan varios minutos. El tipo exhala. No ha comido ningún yogurt. En voz alta se asombra de la cantidad de perros. Me pregunta que pienso. Apenas asiento con la cabeza.  Soy porteño y no tengo ganas de conversar, ni de explicar que hago acá. Pasan varios minutos más y el tipo no ha tocado un solo yogurt. Decido irme un poco más lejos. Cuando le paso por delante se sonríe, como si hubiera conseguido su propósito. Echarme. Camino un par de pasos y me doy vuelta, el tipo no ha tocado un solo yogurt. Me siento cerca de la rotonda, casi al final del parque. Desde acá se puede ver gran parte del sur de la ciudad. Creo que es el Barrio Juniors. Yo creo estar parando en el Barrio San Vicente. Me hospedan una pareja de chicas. La más bajita es amiga de Natalia. La más alta tiene problemas de pánico por eso pasan la mayor parte del tiempo en la casa. Me tratan como si me conocieran desde siempre. Natalia me dijo por mail que eran "divinas". Para Natalia casi todo es "divino". De todos modos sé muy poco de Natalia. No sé dónde vive, no sé realmente como está. Le pregunté a la chica más bajita por su paradero, pero dijo que no sabía bien la dirección. Me nombra un barrio que no conozco. Duda. Miente muy mal. Desde que me fui hace dos años pasó a la clandestinidad. Apenas nos comunicamos por mails esporádicos. De todos modos antes también sabía muy poco de Natalia. Natalia dice siempre la mitad de la verdad y la mitad de una mentira. Anochece sobre la Ciudad de Córdoba, digo en voz alta, como los viejos locutores. Se prenden las luces naranjas de la Avenida Sabbattini y las luces de la Terminal Vieja. Desde aquí no se llega a ver el Centro. Sentado un tronco empiezo a sentir los primeros mosquitos. Pasan un tipo con la camiseta de Huracán. Se me hincha el corazón como si hubiera reconocido a un argentino en Finlandia. Tengo ganas de gritarle "¡aguante El Globo!". Lleva auriculares, no me hubiese escuchado. En dirección contraria corre una chica con sus pechos bamboleando. Pienso un chiste fácil. Me río solo. Pero poco, aún me duelen los pies. Hoy caminé hasta Alberdi. Adónde vi por última vez a Natalia, antes de tener que volverme a Buenos Aires. Volví por Santa Rosa hasta Santa Fe, igual que aquella tarde de miércoles. Las cuadras permanecen intactas, hasta las mismas obras en construcción parecen haberme esperado. ¡Cómo corrimos esa vez por culpa del último polvo!. Ella intacta, aún llegando tarde a su clase en Ciudad Universitaria. Yo no. Jean sin calzoncillos y pensando en las dos horas que me quedaban hasta la salida del micro. La despedida fue corta. Me dejó un cospel, instrucciones sobre cómo dejar la llave dentro del departamento cuando cierre todo y un beso. En la mejilla. Bueno, así es Natalia.






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