La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


domingo, 30 de junio de 2013

Verano Por Roberto Mineo

Era de noche y la neblina deformaba los colores. Estaba en un barrio de la zona sur. Tenía una sensación extraña. Eso que a veces nos sucede de poder identificar un lugar pero no poder precisar ni la calle ni la altura. No veía a nadie, y, sin embargo, sabía que no estaba solo. Caminé unos pasos y me pareció divisar una figura que se escapaba. Presentí que era él, mi Némesis, mi peor enemigo. Solté el aliento y comencé a correr detrás de la figura. La neblina hacía que la figura apareciera y desapareciera. La distancia entre ambos disminuyó. Apuré mi carrera, él hizo lo mismo. Lo vi saltar un tapial bajo y correr por un pasillo. Cuando llegué a donde me pareció que había saltado se me aparecieron una sucesión de chalets casi iguales. En el fondo se divisaban un tapial bajo y un pasillo. Me dirigí hacia allí, salté el tapial y comencé a caminar por el pasillo. Daba a una sola puerta en el fondo. Me detuve. Había algo raro en esa puerta, algo que no podía precisar. En mi mente se encendieron miles de luces rojas. Saqué el llavero y ahí me di cuenta de lo que no encajaba. Tenía que colocar la llave con mi mano izquierda. ¿Qué tendrá que ver? Me pregunté a mí mismo. De pronto sentí una presencia a mis espaldas. Algo ominoso que me aferraba los brazos con una fuerza que no era de este mundo. Me habló.

—Te dije que no lo hicieras...Sí, soy yo, el diablo.

De repente adiviné que detrás mío se abría un hueco cuadrado en la tierra, como si ésta hubiera sido un monta cargas sin techo ni laterales. Caí hacia atrás en el hueco, de una forma no natural. El diablo continuaba aprisionándome con sus garras de hierro. Quise gritar. Mi boca sólo pudo pronunciar el silencio[1].

Estaba en una habitación forrada totalmente de negro. Me encontraba dentro de un capullo que adiviné negro. Tenía una abertura al nivel de mis ojos. Había varios capullos en la habitación y un viejito que los cosía en silencio. Al principio pensé que era una persona normal. Como respondiendo a mi inquietud una idea llegó a mi mente. Era el diablo. Me miró una vez y continuó cosiendo bolsas sin proferir palabra alguna. Llegó a mi bolsa. Otra vez quise hablar pero no pude. Un grito desesperado se abrió paso por mi mente pero jamás llegó a mi boca. El diablo comenzó a coser impasiblemente mi capullo. Sin siquiera darme un pinchazo completó su tarea.

El infierno: una eternidad de silencio y oscuridad. Así me fue dado verlo.



[1] Gracias Mouras

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