La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


sábado, 8 de junio de 2013

ZOOCIEDAD Por Jorge Villegas

Para robar hay que robar en serio. No quioscos. No almacenes. No jubilados. Robar en serio. Robar es apropiarse de algo de otro. Robar es encañonar a otro y obligarlo a que te dé todo. Por la buenas o por las malas. Entonces el robo se diseña. Se estudia. Se planifica. Hay que tener paciencia. Paciencia y adrenalina. Virtudes del choro. Del rocho de ñoca. Entonces se hace. Un robo en grupo. Un robo con cómplices. Un golpe fuerte. Duro. Áspero. Peligroso. Eso me gusta a mí. A un groso. A un narco. Vestidos de policías llegamos a una casa de barrio. Es temprano a la mañana. Golpeo la puerta. Me hago el cana. Actúo. Interpreto. Ahora soy cana. Pienso. Pum pum. Golpeo la puerta. La policía. No muestro la cara. Simulo mirar una orden de allanamiento. Tengo una orden de allanamiento. Alguien está detrás de la puerta. Se abatata y abre. Abre y entramos. Tenemos armas, capuchas y ropa de policía. El narco sale del baño. Manos en alto. Tirate al piso le digo tirate al piso. Se tira. No me mirés le digo. El narco me mira. No me mirés le digo. Vos no sos cana. Me dice. Ah no. Querés que traiga al móvil. Lo tengo a la vuelta. Vos no sos policía me dice mirándome a los ojos. La capucha sólo deja libre los ojos y la boca. No me mirés más le digo y martillo el arma. Mira al piso. Sus hijos lloran. Todos tienen miedo. Gorda dale las cosas a los chicos. La mujer abre un placard y saca la merca (varios kilos-) y la plata (varios miles). Yo me envalentono y le digo dame todo o te vuelo la cabeza. No hay más dice. Muchachos revisen todo. Si encuentro un papel o un peso te mato. Los chicos lloran. La mujer tiembla. No aparece nada. Dame los papeles de la moto le digo. Nos vamos con todo. Merca. Guita. Y una moto. Los policías truchos, con zapatillas. Uniforme y zapatillas. Los tres arriba de una moto rumbo a la impunidad. El golpe perfecto. Ni un tiro. Nada. Perfecto.
Yo soy pamela. Tengo 18 años. Tengo dos hijos. Vos vas a ser mi marido le dije. Vos vas a ser mi marido. Vos sos muy chica para mí. Me dijo. Yo tengo treinta. Uy le dije. Qué viejo. Dónde dejaste el bastón. Baile. Cuarteto. Banda de Carlitos. El depor. Yo soy de Villa Libertador. Al sur de la ciudad. ¿Conocés?(pregunta). Vos.  ¿conocés. (pregunta a otro). Pulenta la villa. Mi viejo es laburante. Hace changas. Relaburante. Él lo quiere al Damián. Lo va a ver a la cárcel y todo. Vos vas a ser mi marido. Le dije. Y se rió. Primero nos hicimos amigos. La amistad. Bailamos. Lo miré. Nos reímos. Me dí cuenta que le gustaba. Le conté que tenía un hijo. Recién nacido. Y que tenía marido. Ahhhh sabandijaza la vaga. Me dijo. Qué. Le dije. Nada. Me dijo. Me invitó un fernet y me contó que recién salía de la cárcel. Que era la segunda vez. Que la segunda se la comió de arriba. Que la primera entró por drogas. Tenencia y venta de estupefacientes. La causa. El tipo penal. Tenencia  y venta. Nos vimos un par de veces más. Siempre como amigos. Siempre en el baile. Un día mi marido me cagó a palos y me fui a verlo. Al Damián. A su casa. Le caí con mi hijo. Y no me fui más. Después anduvimos ocupando casas por Villa Libertador. Éramos felices. Ahora él está preso. De nuevo. Robo calificado. Preso. Condenado. Cumpliendo condena. Yo. Pamela. La Pamela. A veces voy a verlo.


(Arriba extracto de la dramaturgia del proyecto de teatro documental ZOOCIEDAD, de Jorge Villegas. EL DAMI, historia real de un delincuente juvenil condenado y de su novia. )


 Ése que vive acá es choro. Éste también. Éste y éste también. Acá venden merca. Malísima. Acá también venden. Mala también. Éste es choro. Éste es choro. Éste es choro. Éste es fiolo. Acá vive un buen hombre. Un tipo grande. Hace changas. Tiene los tres hijos presos. Acá vive un policía. Un juancito. Acá otro policía. Acá otro. Todos juancitos. Acá vive un comisario. Acá un ex comisario. Choro. Choro. Choro. Vendedor de merca. Dealer. Así se le dice. Acá otro policía. Como yo. Una bosta para muchos pero bien que cuando sienten un ruidito en el techo llaman. De acá me sacan muerto únicamente. Muerto. Me han ofrecido de todo. Jefaturas. Ni loco me voy de acá. Este es un mundo aparte. El arca de Noé. La mismísima arca de Noé. Yo no vivo acá pero estoy pensando todo el tiempo en ésto. La villa. El arca. El mundo aparte. Acá hicimos un operativo. Acá otro. Acá otro. Allá uno tremendo. Tremendo. Fuimos por un microondas y encontramos dos kilos de merca. Si la droga es mucha llamamos a los de drogas. Y los dejamos hacer. Es un kilombo. Testigos. La brigada entera. Todo se llena de juancitos. Juancito es el seudónimo del policía que anda de a pié en la calle. Un juancito. Siempre bien paradito. Uniforme impecable. Policía joven. Aún sonríe. Tiene fé en la institución. Pobre. Confía en sus superiores. Pobre. Juancito. Si la droga no es mucha no lo declaramos. Objetivo: contar con materiales para negociaciones futuras.
La actuación es importante. Un buen actor puede ser un buen policía. Y viceversa. Por ejemplo. Un buen actor es aquél que hace creíble un papel. Un personaje. Lo hace creíble. O sea la gente se lo cree. Está todo bien. Pero la gente paga para eso. Va predispuesta. Pero qué pasa cuando el espectador no sabe. Cuando el espectador, el único espectador es un violador. Un asesino. Un delincuente. Ejemplo uno. Violan y asaltan a una mujer en una casa quinta. La mujer es empresaria. Una empresaria joven. La violan. La asaltan. Le llevan el celular. Se asigna un policía al caso. Fulano. Asignan a Fulano. El delincuente tiene que cometer un error. Si lo comete es más fácil. En el hecho delictivo es fácil dejar pistas. Hay que ser muy avezado para no hacerlo. La mujer empresaria tiene un teléfono celular nuevo. De los que tiene teclados. El violador y asaltante se tienta. Se lo deja. El policía lo llama. Casi seguro ya se desprendió del mismo. Pero el policía lo hace. Debe hacerlo. Está en el manual. Habla. Llama. Increíble. Atienden. Actuación. El policía debe actuar. Improvisar. No está jugando. Está trabajando. Cómo se llama ése teatro. Hola. Se escucha. El policía da el nombre de la empresaria. No. Soy su hermano. Para qué la busca. Dicen del otro lado.  Policía se hace el empresario. Empresario porteño. Tengo la plata para darle. Dice. El “empresario”. Llego a la terminal tipo nueve. Nos encontramos y te doy la plata. Ok. Pero mi hermana no va a estar. Dice el delincuente. Voy a ir yo. Perfecto. No hay problema. Nos vemos. Se ven. Se encuentran. Ambos fi gen. Simulan. Uno ser empresario porteño. Rubro ropa. El otro, el violador. Finge ser hermano de la víctima. Los mentirosos. Los actores. Frente a frente. Se saludan. Creen que el otro les cree. Teatro de las simulaciones. Qué tal el viaje. Bárbaro. Vos. Todo bien. Vení vamos a un lugar más seguro y te doy la plata. De repente. La policía los rodea. A los dos. Los atrapa. La policía va por más. Está en el manual. Ir por más. Los detiene a ambos. Objetivo. Que el asaltante crea que el otro también es un criminal. Por ahí cuenta algo más. Revela. Nombres. Datos. Los actores presos. En la misma celda. Tres días. Acá es el momento más difícil. Mantener el personaje. Tr es días. Encarnar. Eso se llama encarnar al personaje. Luego los separan. El policía vuelve a su vida normal hasta que un par de días después regresa al precinto donde estuvo con el asaltante justo cuando sacan al mismo del calabozo para llevarlo a declarar. Se encuentran. De frente. Se miran. Una casualidad de mierda. El asaltante descubre charlando lo más bien al “empresario porteño”. Lo descubre todo. Charla y ríe con una nueve milímetros en la cintura. Se hace bromas con un policía. Lo descubre todo. Era un policía. Un maldito policía. El “empresario”. Era un policía. La función ha terminado. Esto se llama teatro real. Real teatro.   


(“historia del trompetista que no fue”, del proyecto ZOOCIEDAD, historia anónima y real de un policía, Jorge Villegas)



Bonus, (la sobredosis del Damián)


Una vez tuve una sobredosis. Una sobredosis grosa. Compré cien gramos. Me los empecé a tomar a la tarde. Me puse reduro. Muy duro. Me fui al baile de la mona. Ni hablar. No podía ni mover la boca. Luego me fui a lo de un amigo. Una casa de choros. Prostitución y eso. Toda la familia metida en eso. A mí me parecen tipos piolas. Grosos. Me seguí drogando. Me tomé casi todo. Cien gramos. Me quedé duro. Muy duro. Las horas pasaban. Y yo duro. Sin moverme. En la casa loca ésa. Estuve como tres días ahí. Duro. En una pieza. Agazapado. Paranoico. Creí que venía el ejército a buscarme. Sentía los helicópteros. A veces entraba la madre de mi amigo a ver si estaba vivo. Y se iba. Y yo ahí. Más duro que un turrón. De pronto mi amigo entra y me dice fumá este porro te va a hacer bien. Para qué. Casi me muero. Tuve convulsiones. Luego me ponen un ventilador al lado. Peor. Al rato me traen café. Peor. Creí que me moría. Entonces decidí cortarme las venas. Sentía que la sangre me reventaba la cabeza. Yo y mi riñoncito ausente. El riñoncito muerto. Me corto las venas. No sale sangre. Me corto más. Algo sale. Pero como una cosa negra. Espesa. No lo puedo creer. Me desmayo. Luego me despierto. Estoy en un hospital. La familia me dejó en la puerta. Ellos no pueden quedarse. Dar la cara no lo pueden hacer. Explicar. No lo pueden hacer. Lo entiendo. Está todo bien. Sobrevivo. Lavajes y listo. Fin de la sobredosis. A un paso de la muerte. Cien gramos. Nada mal. 

    



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