La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


miércoles, 28 de agosto de 2013

Matar con la indiferencia por Marita Echave.

                        
             Quiero al que me quiere y olvido al que me olvida” Amado Nervo




“No dar bola… te mato con el diferencial… ningunear… dejar pintado a alguien… hace una semana que no le dirijo la palabra… no le doy ni la hora… le pasé al lado como si fuera un poste”…  Matar con la indiferencia es también una forma de violencia.
Cuántas frases hechas y habituales para decir que alguien no nos importa o que usamos esa actitud: la indiferencia,  para excluir o castigar al otro. Es lo mismo que decir: “lo que hiciste no me importa”….. “no me interesa lo que hacés, ni lo que sos”… “no existís”… “te devuelvo la ofensa de esta manera y no te perdono”. Cuántas veces la indiferencia esconde la falta de capacidad para poder dialogar y dar la cara a la verdad. Tantas veces nuestro orgullo personal, nuestro ego de piedra se esconde bajo esa máscara. Otras cuántas la usamos como un fino estilete que penetra en el corazón del otro y lo mata sin rastro de sangre, dejándolo sin aire.
Estas reflexiones caseras, si se quiere, son pequeñeces frente a la gran construcción de una sociedad mundial montada sobre los cimientos de la indiferencia y de la violencia.  Una gran contradicción , ya que es la misma sociedad la que muestra en la gran pantalla de la fama y el éxito a los ídolos que adoramos, los paradigmas que imitamos y a los que no somos indiferentes, consciente o inconscientemente. Reconocemos al otro sólo cuando tiene ciertas cualidades “socialmente admisibles” o “políticamente correctas”. Seguir los actuales cánones de belleza, vivir en el lujo  y en la fiesta permanente... son muestras que no le sirven al común de la gente en la vida cotidiana, pero sí para sustraerse de sus realidades y soñar por instantes a través de las vidas de aquellos que admiran o se les imponen como modelos. La indiferencia mira entre bambalinas, y la violencia subyace en cada palabra procaz, en cada gesto burlón, en las actitudes  obscenas, falsamente afectuosas e impunemente mostradas.
Esta es también una forma de “matar con la indiferencia” pero sutilmente, día a día, sin que nos demos cuenta. Incluso haciéndonos creer que somos solidarios con el otro a través de los “horrores” que la tv nos muestra a diario y que nos conmueven por momentos, pero al segundo olvidamos porque seguro que aparece algún “contratado” que nos dice como vivir mejor desde su pensamiento siliconado o su cerebro alimentado de nada.
Los caminos del corazón no corren ni siquiera paralelos a este mundo de ilusiones donde los “magos sin dientes” y los “bailes de ensueño” no nos permiten decidir por nosotros mismos, ni darle valor a nuestros propios proyectos, nuestros sueños.
Los caminos del aprender a convivir, a dialogar, a comprender y compartir, a pensar en los demás como “otros que son iguales a nosotros” en su más íntima esencia; son caminos que funcionan en una dimensión que nuestros viejos cerebros todavía no captan ni procesan. O quizás, con una buena dosis de esperanza se están preparando para eso, de generación en generación. “Lo esencial es invisible a los ojos” lo sabemos por los dichos de “El Principito” pero aún nos guiamos solamente por lo visible. Sin embargo será con pequeñas actitudes de reconocimiento del otro y grandes cataclismos naturales, como aprenderemos de los seres humanos despiertos y del universo mismo, que las “armas de la indiferencia” sólo sirven para autodestruirnos y para acabar con el bellísimo planeta donde nos toca vivir: nuestra Madre Tierra.


  

No hay comentarios.:

Publicar un comentario