La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


jueves, 8 de agosto de 2013

Tatuajes en la piel de las Ciudades



[Formas contemporáneas de irreverencias estéticas e ideológicas]


Por Paulo Ahumada Rovai
Artista y “curador” autónomo



Para la cultura, en términos generales, todas las épocas fueron difíciles, según las tradiciones visuales, orales y escritas que se conocen. Nuestra época, es un ambiente que se halla enrarecido por la sobrecarga de emisiones y recepciones de toda clase de señales, proliferación de productos que hacen la vida más fácil y una cultura envasada que evita la angustia devenida de la reflexión del contexto que nos “contiene”. Es un espacio y un tiempo donde resulta difícil encontrarse en un edén del consumo. Fiel a su tradición, el proyecto moderno, fagocita y arrasa los recursos disponibles a su paso y sigue adelante. En sus últimos esfuerzos, la modernidad (la que nunca dejo de ser, aunque aparece en nuestros días bajo figuras distorsionadas y supuestamente agiornadas a la época) nos propone que es posible acceder a cualquier tipo de capricho con dinero. Esta recompensa por el esfuerzo personal, através del alquiler de mentes y cuerpos deviene en un “paraíso del consumo”. Donde reina la libertad de ser obediente por elección.

Por los márgenes a este modelo de “sujetos buenos y políticamente correctos”, subyacen una extensa e interesante fauna de especimenes urbanos. Bajo la forma de clanes, tribus o asociaciones de elite, organizados según su clase, color y corte de cabello, color de piel, ropajes, adornos, y demás fetiches de moda; según su preferencia musical o imaginario colectivo; se congregan a modo de ritual urbano, en los más diversos templos.

Todas estas formas de contra cultura que hasta hace poco, se consideraban subterráneas o underground, coexisten de forma simultanea con el orden hegemónico. Los modos marginales al no disponer de los recursos necesarios, se hayan en “desventaja” con respecto a los modos que circulan por los canales de legitimación. Estas desventajas paulatinamente se transforman en otras formas de concepción, producción, circulación y reflexión de bienes culturales: como desarrollar bienes culturales en tiempos de crisis y no morir en el intento.

Desde  esta contra cultura crítica, surgen tribus urbanas como los punks en una Inglaterra en su crisis de los `70. Una nueva bocanada de dadaísmo en medio de su aburrimiento conservador. Jóvenes en distintos puntos de Europa con  una imperiosa necesidad de alertar acerca de las contra indicaciones del adormecimiento ideológico, comenzaron a aflorar, apropiándose de inmuebles de la corona.  Este acto político, fue acompañado de un acto artístico. Estaban todas las condiciones dadas para una contra cultura. Así música, arte, diseño, literatura se fueron reuniendo aleatoriamente, con personajes relacionados a distintas “culturas underground”, dispuestos al dialogo y la experimentación. Con una tónica diferente, el clan del hip hop hacia de las suyas en “América” gestando también una cultura que en poco tiempo se transformó en producto. De este modo, se comenzó a generar una estética de fuerte contenido impertinenente con la concepción de “los buenos modos” del arte, la música, la literatura y la política, y denunciando de forma pública su rebeldía contra la autoridad y su condición de marginal.
Seguido por un estallido de las más diversas  tribus originadas en los ´80 en Europa y Estados Unidos con “manifiestos” con una gama amplia de preocupaciones, algunas comprometidas, otras más superfluas. Teniendo su auge y decadencia en la década de los ´90, con la diversificación de cada una de estos clanes, buscando de forma frenética diferenciarse de otro imaginario (producto de la cultura de los Mass media), perdiendo el diálogo con sus pares, confiando en que ser un genio es mas fácil de lo que parecía, realizando una labor parasitaria de los artistas, intelectuales y demás actores culturales de las décadas precedentes que cuestionaron una tradición que tiende, por naturaleza a frizar el contexto en el que acciona. Imitando aquellas formas de resistencia vaciadas de su contenido original.
Pues cuanto menos se cuestione el orden hegemónico, menos conflictiva será la inclusión de un producto cultural, en un territorio de amantes de las “clásicas buenas formas”, sujetos políticamente correctos y buenos ciudadanos, según tópicos basados en una ética y una moral subrepticias que vienen a reclamar los 15 minutos fama prometidos por Andy.
Algunos de estos modos contraculturales fueron absorbidos como producto librado a los antojos del mercado, bellamente ilustrado cuando Sid Vicius es vendido en remeras muy exclusivas para punks de cresta corta de las discos de moda, o latinoamericanos fanáticos aduladores de las patinetas del lado marginal neoyorquino.
A través del desarrollo mediático, utilizando solo la imagen con un contenido fugaz, se fueron constituyendo clanes cerrados, con fuerte carga de un dogmatismo hermético.

Otras formas aparecen como un underground domesticado, para reproducir obediencia por vías alternativas, creyendo en una supuesta libertad, pero con suficiente cansancio como para accionar desde allí. Caracterizados por la exaltación de la imagen con etéreo discurso. Discurso ensamblado con la apropiación de las formas de otros discursos: las ideas y sus procesos de desarrollo están ligados fuertemente a su cultura y la geografía en que actúa. Sacarlo de contexto, plantarlo en otro escenario que tiene una escena propia, produce un pastiche híbrido de identidades (copiar/pegar).

Y por mas allá del afuera, pero de manera simultánea  se hallan sujetos dispersos o nucleados en grupos que, a pesar de la insistente ansia de colonialismo cultural, resisten a su modo a esta invasión a la intimidad de la identidad con su terruño. No se identifican ni con el adentro, ni con la periferia, ni se inscriben en dogmatismos, reglas y normas estáticas de una sola tribu, transcurriendo de forma aparentemente silenciosa otros modos de acción no legitimados pero con una contundencia real. No gozan de propaganda, ni aceptación popular o de la “elite”, que cuestionan de modo recurrente al orden establecido reflexionando, produciendo y difundiendo bienes culturales por vías alternas al circuito formal. Desconfiando de las buenas intenciones de la “institución cultura”, desarrollan sus propuestas despreocupados por esa promesa de acceder al paraíso del reconocimiento de ese Otro imaginario. Sin preocupación por las modas al paso, se continúa construyendo maneras diferentes para aproximarse a esa otra cara de la realidad, hostil, que seduce con los grandes beneficios destinados a unos pocos elegidos para ese momento. Trabajando desde la crisis eterna, moral y económica, con la adversidad en los hombros, subsiste por la convicción en que de verdad hay muchas formas de resolver un paradigma, y la solución oficial es una mas de las tantas posibles.


En este escenario complejo, sincrético y de forma simultánea, se sitúan los modos que impone el circuito formal como modelo, la periferia y una corriente alterna ubicada mas allá del afuera. Así transcurren las diferentes escenas de ésta, nuestra contemporaneidad; donde se pone en valor formas culturales con contenidos superficiales que satisfacen necesidades de la inmediatez, emulación pobre de propuestas de un pasado cercano, o un presente lejano.

Atravesando tangencialmente a estas maneras de identificación colectiva, o alternativas individuales con mirada colectiva, se halla el extraño caso de las intervenciones urbanas.
Entre los rituales de los distintos clanes, persiste desde su génesis a la fecha, como forma de expresión los grafitos que utilizan por lo general como soporte los muros de la arquitectura urbana y todo su mobiliario.
Este muro que históricamente tuvo una relación conflictiva con los ciudadanos. El muro que divide, segrega, separa la civilización de la barbarie, el espacio que cobija y la intemperie, separa la gente por su credo o condición social, distinguiendo entre el espacio público y el espacio privado.
No obstante, el muro es un testigo de su época, además de ser soporte para las más diversas expresiones de las más variadas “especies urbanas”.
Así, nos encontramos que esporádicamente, aparecen nuevas pieles, abrigos o disfraces (según el gusto de preferencia personal), con una serie de personajes dispuestos a las reglas de la oferta y demanda aspirando un cargo público, en otras ocasiones nos encontramos con las ofertas semanales de un supermercado. También tienen su protagonismo los chamanes de cada tribu urbana con el uso de la gráfica y la lógica de la propaganda. En ocasiones muy excepcionales avisos publicitarios con fines sanitario-preventivos de alguna dolencia social en particular según la temporada (dengue en verano, gripe a en invierno).
Estas intervenciones, con un sofisticado diseño del discurso no son las únicas que aparecen en las ciudades y muy excepcionalmente en las zonas rurales; también nos encontramos con intervenciones espontáneas de sujetos anónimos que dejan su marca en el muro y a veces en estos mismos afiches propagandísticos. También aparecen los grafitos en ómnibus, paradas de colectivos, mostradores, semáforos, etc. con leyendas desde nombres propios, apodos, chistes, hasta los ídolos del rock o el cuarteto (para el caso de Córdoba). Estas leyendas, no tienen una preocupación formal, ni técnica, ni se acogen a supuestas vertientes estilísticas del graffiti. Son la más fiel y auténtica expresión espontánea de los sujetos que usan la ciudad como vehiculo por el que transita su existencia, desconociendo autoridad, propiedad pública o privada.
Graffiti, neologismo “americano” que se refiere a grafismos o grafitos realizados con los más diversos materiales, casi sobre cualquier superficie, en especial sobre paredes o mobiliarios urbanos. Son intervenciones públicas que cuestionan la misma noción de lo público y privado y el lugar para cada cosa. El graffiti no tiene tiempo, ni espacio, ni límite. Es una forma de expresión de libertad absoluta, anónima, colectiva, plural y aleatoria; los grafitos pueden ser pintadas, esténciles, o apenas un bigote, lentes y cuernos a una foto de la grafica de un producto cualquiera o de un político, como forma de hacer un aporte con la opinión individual que invita a sumarse a otros individuos anónimamente el graffiti, plantea una aleatoriedad acerca de las múltiples, plurales y colectivas intervenciones de un numero indeterminado de personas que se apropian de la vía publica para hacer de ese espacio su lugar de encuentro de discusión o simplemente darle rienda suelta a una veta rebelde que cuestiona conceptos como la veracidad de una cultura enlatada, y a favor de una contra cultura emancipatoria.

Esta forma de lenguaje,  progresivamente va enriqueciéndose a la vez que la diversidad y fragmentación de sus códigos visuales van multiplicándose; expresados con escritos, letras o imágenes de grafitos o esténciles en el conjunto que va creciendo; es decir van construyendo un discurso a partir de la sumatoria de sus partes, cada una de ellas son a su vez, también poseen un argumento particular. Cada graffiti, esténcil, huella, marca, o cualquier intervención urbana en su condición de unidad discursiva, se dispone en diálogo con otras piezas visuales, que tienen como objeto la apropiación del espacio de circulación pública, la irreverencia, el humor, la huella de una identidad cultural determinada.
Usando recursos plásticos y através de un proceso dialéctico, las distintas posibilidades de lectura, se traducen en posibilidades que se brinda al espectador de efectuar su propia interpretación.
De este modo podemos distinguir las dimensiones estéticas de las políticas del graffiti, ambas encontradas en una cosmovisión libertaria que reniega de las instituciones conservadoras.
Si bien se reconoce al graffiti por sus “tags” en paredes de los suburbios y el subte de la nueva York de los flamantes ´80, hubo otros artistas que realizaban intervenciones publicas con imágenes y palabras que no se inscribían en algún “estilo grafitero”; así artistas como Haring, Basquiat, desarrollaron su obra a partir de intervenciones callejeras. Estos y muchos artistas mas, estaban compartiendo su mirada de su contemporaneidad cultural. Así actores, músicos marginales y artistas visuales; realizaban experimentos artísticos donde se intentaba traducir ese espíritu libertario, rebelde y cuestionador del “orden natural del mundo”.
Los raros grafitos nuevos, lejos de la intención original de los tags de Basquiat o futura 2000 del East Village neoyorquino de los 80, continuaron su evolución estilística.
Así los americanos marginales produjeron una especialización  del graffiti.
Llegando a ligarse más a la destreza técnica del manejo de la caligrafía del autor del graffiti, dejando de lado la intención primera: el acto “vandálico” de dejar la marca en un espacio que fuese apropiado para ejecutar la intervención. En la Argentina, llegó a modo de combo esta cultura como producto enlatado, consumido como si fuese lo mismo el Harlem que Cofico de la capital cordobesa. Vaciado de su contenido original y de su sentido único e inseparable del territorio e idiosincrasia que lo genera, es adoptado sin ninguna mediación, ni reflexión de este acto enmascarado en un falso apropiacionismo, para emular la “forma americana”, desdeñando las producciones locales, no consideradas como intervenciones urbanas por el ghetto grafitero local.
Aunque estos modos que no se inscriben en alguna tendencia estilística, o moda, proliferan por las ciudades desde antes de la llegada de los tags americanos.
Ahora resulta que los autodesignados grafiteros tienen sponsors, permisos, salen en la Tv., son convocados por las instituciones culturales de “vanguardia” como las nuevas vedetes del arte contemporáneo.
Sin embargo, es una tendencia internacional la de la utilización de medios alternativos por los cuales hacer circular el material producido por las tribus urbanas desde las más dispersas y lejanas al epicentro hasta las más próximas a su museificación.

Esta manifestación artística que se halla asociada a otras formas de producción y circulación de bienes materiales e intelectuales como la libre circulación de material grafico através de la Web, discográfico usando la Internet siendo el de mayor circulación en la actualidad el genero electrónico con sus distintos matices, diseñadores de software libre y defensores del copyleft, medicamentos genéricos, publicaciones de las mas diversas ramas de la literatura y ciencias sociales con perspectiva critica, las producciones y asociaciones culturales  autogestionadas etc., etc.

Estas formas de “trafico” de objetos o ideas que se gestan, circulan y se promueven por una capa subcutánea de la cultura oficial y formal: el underground como se conoce las propuestas que se hallan a los  márgenes de los discursos hegemónicos; son formas que no obedecen al protocolo formal de hacer, difundir bienes culturales, que se escapan a los controles de calidad y estandarización de los modelos hegemónicos. Asumiendo que los actores y entusiastas de la contemporaneidad no son solo el clan de la elite, ampliando la participación a los sectores menos favorecidos, dejando sus marcas en la piel de la ciudad, sin atender a las modas ni clasificaciones estandarizantes, para concentrarse en una expresión natural individual y colectiva.
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Paulo Ahumada Rovai
Córdoba, Argentina
Octubre de 2009


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