La x marca el lugar.

Tinta Irreversible.

Polosecki es una revista.

Polosecki es una de esas revistas que deberían darle a cada uno de esos viajeros que se niegan a ser turistas y que cuando pasan por Córdoba van en busca de algo más que los habituales atractivos. A esas personas que tienen la extraña intención de conocer el alma de las cosas.
No es seguro que Polosecki retrate con tanta precisión el alma de Córdoba, pero es un zoom bastante poderoso sobre algunas de sus zonas más oscuras y encantadoras.

“Hay algo peor que la angustia de la página en blanco.
Algo peor que no tener ninguna historia que contar:
es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas.”


martes, 3 de septiembre de 2013

Un Conejo Blanco. Por Martín Gaetán.



Miro por la mirilla de la casa de la calle Julio A. Roca y lo veo venir flaco y débil como un fantasma...Tengo un títere de goma espuma, un conejo blanco, me lo regalo él, lo hacía para vender, eso aprendió para sobrevivir, lo talló a antojo, caprichosamente como a su vida, como quien da forma a las formas. Un guerrero, un atrevido, un anónimo, un conquistador de los márgenes, de los márgenes del todo. Sólo usó sus manos,  para trepar del pocito donde nació, lo abandonaron casi siempre, casi todos. Trepar. Pelear. Tallar conejos de goma espuma. Se aburrió se puso la goma espuma en la cabeza y se hizo Drag Queen, ganó premios, desenfreno y locura. No era tibio, no predicaba la libertad, la transpiraba. Nunca tenía nada pero siempre tenía todo. No pedía permiso ni perdón, le dolían las rodillas a más no poder. Pasó por su cuerpo las peores dolencias, intensamente a su manera, pero seguía tallando goma espuma. Le duele. Despierta en una sala blanca llena de conejos blancos que lo miran, piensa que son de un pedido que no ha terminado, pero es otra cosa, un sueño más pesado, entre realidad farmacológica y metafísica. Decide, como siempre, me dá su perro blanco y me dice, cuídalo y se vá. Tan escandalosamente como vivió, con un show –velatorio-freak-de-repartija-de-cenizas. Las tiro bajo un árbol un día lluvioso, vuelan dos palomas. Me asomo por la mirilla de la calle Julio A Roca y no lo veo venir, pero me tocan el hombro, me asusto y es Paulo, me mira y se ríe a carcajadas como siempre y me dice comemos algo? Siempre tenía algo para invitar. 

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